marianoEl señor Puigdemont ha querido seguir con la tradición que inició su predecesor cuando instituyó la desafortunada  (por dictatorial) fórmula del “sí o sí” y se ha embarcado en una nave que hace aguas por todos los sitios al proclamar “referéndum o referéndum”.

Al señor Mas su “sí o sí” le costó pasar por la amargura de la renuncia  y con ella arruinó su prestigio de político con posibilidades. Al señor Puigdemont todavía se desconoce qué le va a costar su “referéndum o referéndum”, pero lo evidente es que no le va a salir gratis. De momento le supone haber depositado su futuro, personalidad y carisma en las manos de un grupo antisistema que disfruta arrastrando al personal hacia el despeñadero. Ese grupo no tiene nada que perder ni entra en sus expectativas gobernar a corto o a largo plazo. Su única pretensión es incordiar al sistema para dárselas de progresista y vivir una temporada a expensas del contribuyente.

Es increíble que un político que hace suya la revelación divina de la creación de una nueva república, lo cual requeriría contar con al menos un estadista reconocido, permita que su personalidad quede entremezclada por los siglos de los siglos con la de un grupo que simplemente es antisistema sin capacidad alguna ni ganas porque eso da mucho trabajo, de crear un sistema supletorio.

El sí o sí del señor Mas fue la negación total y definitiva del eje sobre el que gira la política democrática contemporánea: negociación y diálogo. El sí o sí se ha convertido en el exponente de un fracaso total. Referéndum o referéndum repite la historia, un nuevo fracaso se está fraguando.

Se percibe muy agobiante y desestabilizador para el señor Puigdemont vivir durante un año pendiente de que culmine un fracaso que él mismo ha gestado. A cualquier persona responsable un año así se le haría eterno. Al señor Puigdemont no se le hará eterno porque mientras tanto irá disfrutando de la sensación de sentirse un hombre importante.

El primer  referéndum que el president menciona, se entiende se refiere al consensuado con el Estado español. Lo que resulta absurdo es que el señor Puigdemont no comprenda a estas alturas de la vida que el Estado español jamás consensuará algo semejante.  El segundo referéndum se refiere al que no sirve para nada excepto para dar trabajo a jueces y fiscales, el que constituye una tomadura de pelo para los que acuden a votar y ridiculiza a Catalunya y la sitúa en la esfera de la ilegalidad internacional.

M. Riera