Si hablado del profesor Salvador el pasado domingo debo hacerlo del franciscano el padre Castro porque del otro bando de la guerra civil era la cara religiosa del sabio geográfico que buscaba mecenas los estudiantes listos sin recursos (era corriente en las dificultades en los años del estraperlo y la gana de una España triste de los 40. El padre Castro era el director de un mundo de sacristía en blanco y negro de la generación de mis padres…
El padre Castro era una institución en aquella Granollers que nada tenía que ver con la actual, era el director del profesor, como el franciscano mandaba el alcalde permitía que chicos y chicas compartieran aula, pero luego en los exámenes finales las chicas tenían que hacerlo en un instituto femenino de BCN dirigido por la Sección Femenina del Régimen del 18 de Julio, como entonces decía la dictadura.
Pero es otra historia. Es una crónica escrita por el padre Castro durante dos años y medio esperando que los nacionales entraron a finales de enero de 1939 protegido por un payés de Canovelles, cuyo nieto es hoy un concejal de ERC.
La familia payesa se jugó la vida porque los de la FAI iban a la caza de los curas que aparecían en la madrugada cuando un coche fantasma hacía el trabajo sucio por la noche, en la carretera de Parpers, antigua carretera de Mataró, hay una capilla que recuerda los treinta y tres caídos por Dios y por España, la mitad de los curas, empresarios y gente de mi misa y dos carlistas, no había ningún falangista.
El padre Castro no hablo nada.
En los 90 los socialistas de Sevilla le dedicaron una calle por su obra social durante toda su vida. Era de Palencia, pero en los 60 la orden lo envió a Andalucía, y yo lo entrevisté por teléfono. Hace veinte años cuando los franciscanos me informaron…
PD: Más de este en un capítulo del libro HISTORIAS Y LEYENDAS DE GRANOLLEIG que pueden leer en Tyep.net de Roberto Giménez
Roberto Giménez


