César Alcalá

Desde hace un tiempo, como consecuencia de la mala praxis del Rey emérito, está resonando la frase: “España es republicana”. Frases como está las debemos tener en consideración pues, España puede ser muchas cosas, pero es muy poco republicana. ¿Por qué? A lo largo de la historia y si la centramos desde los Reyes Católicos, sólo ha habido dos periodos de la historia marcados por el republicanismo. El resto del tiempo el país ha sido monárquico. Y, en aquellos momentos que la República se ha instaurado, la situación política era muy complicada.

Durante el llamado Sexenio Democrático se estableció la I República. En 1868 se le pidió a Isabel II que dejara el trono por diversos motivos. Uno de ellos vinculado con lo mismo que ahora se acusa al Rey emérito. Dejando a parte las andanzas amorosas de la reina, que eran la comidilla de la Corte. Para sustituirla se marcharon a Italia y trajeron a Amadeo I de Saboya. La situación no mejoró. El descontrol era tan que Amadeo se marchó un día de madrugada y no regresó nunca más a España. Y es aquí donde se proclamó la I República. A falta de monarca, se buscó la gobernabilidad republicana. ¿Se consiguió?

La verdad es que no. Varios fueron los factores, pero el principal está vinculado con el inicio de la III Guerra Carlista. Del 11 de febrero de 1873 al 29 de diciembre de 1874 fueron presidentes de la República Nicolás Salmerón, Francisco Pi y Maragall, Emilio Castelar y Estanislao Figueras. El golpe de estado del general Baldomero Espartero proclamó a Alfonso XII como rey de España. Una de las aportaciones de aquella I República fue la implantación de la peseta como moneda, gracias a Estanislao Figueras.

La II República tuvo un componente cultural, que fue el caldo de cultivo para su proclamación. Por una parte la mala gestión del Alfonso XIII y su incompetencia como gestor. Y en la parte intelectual estaban José Ortega y Gasset, Gregorio Marañón y Ramón Pérez de Ayala. Estos tres intelectuales firmaron el manifiesto “Al servicio de la República”, que tuvo una enorme repercusión en la sociedad española de aquella época. Por eso a los tres se les conoce cono los padres intelectuales de la República. Tampoco fue un balsa de aceite. Al primer presidente de la II República, Niceto Alcalá-Zamora, no le pusieron las cosas muy fáciles. De 1931 a 1936 fueron presidentes del consejo de Ministros Manuel Azaña, Alejandro Lerroux, Diego Martínez Barrio, Ricardo Samper, Joaquín Chapaprieta y Manuel Portela. Se tuvo que enfrentar a la proclamación de Francesc Macià de la república catalana y al pistolerismo reinante.

No lo tuvo mucho mejor el segundo presidente de la República Manuel Azaña. Durante su presidencia se desarrolló la guerra civil española. Fueron presidentes del consejo de ministros Augusto Barcia Trelles, Santiago Casares Quiroga, Diego Martínez Barrio, José Giral, Francisco Largo Caballero y Juan Negrín. La II República acabó con el fin de la guerra civil y la dictadura de Francisco Franco.

Actualmente hay un sector intelectual y político que están cultivando lo que en su momento propiciaron los padres intelectuales de la República. Venden esta forma de gobierno como la mejor forma de gobierno que puede existir. Vinculan lo ocurrido con el Rey emérito a una corrupción de la institución. La mejor forma de eliminar la corrupción es erradicarla e instaurar una nueva forma de gobierno.

La situación de hoy en día ya la hemos vivido históricamente. Algunos Borbones han llevado a cabo una mala praxis y, en su momento, se tomaron las medidas adecuadas para cortar de raíz todo aquello. A Isabel II la sustituyó su hijo Alfonso XII. Y este fue un rey honrado, aunque vivió pocos años. A Juan Carlos I lo ha sustituido Felipe VI. Y por lo que está demostrando, su forma de actuar está muy alejada de la de su padre. Hasta aquí la historia se ha repetido. También se repite el hecho que hay una serie de intelectuales o pseudointelectuales que les gusta jugar a cambiar la historia. Los padres intelectuales de la República lo consiguieron y se arrepintieron. Finalmente, la gran tragedia de las dos repúblicas fue el estallido de dos guerra civiles.

Uno de los males españoles es sentenciar antes que la Justicia diga nada. La monarquía quizás no sea la mejor de las respuestas, pero teniendo en cuenta las consecuencias históricas vividas como consecuencia de las dos republicas proclamadas en España, es preferible una monarquía a una guerra.

César Alcalá