César Alcalá

Como era de suponer, ahora que el Covid-19 inicia la desescalada, los durmientes independentistas quieren volver a la carga. Estaban ahí sobrepasados por lo que estaba sucediendo y ahora sacan la cabeza o, al menos lo intentan. Desde el happening de Perpiñán no se han movilizado. Un happening realizado en momentos de escalada y que lo han hecho desaparecer de los titulares centrándose en el 8M. Lo de Perpiñán no existe y presuntamente fue tan peligroso como lo que ocurrió posteriormente el Dia de la Mujer trabajadora y en Vistalegre.

Ahora Òmnium Cultural -asociación en decadencia y bien subvencionada- pide volver a salir a la calle bajo el lema: “sin libertad, no hay normalidad”. Y como no puede ser de otra forma, lanzan su discurso exclusivo. El Covid-19 ha reprimido uno de los derechos fundamentales de los catalanes: la autodeterminación. Y, a partir de este postulado, repiten sus mantras. Nada nuevo bajo el Sol. Redundan en lo mismo y piden lo mismo. No extraña que uno de los arquitectos de todo este movimiento que inició Artur Mas comente: “El independentismo político es un erial intelectual y politicamente se debe reinventar, la generación del 1-O está amortizada”. El que considera yermo el pensamiento político es Agustí Coromines.

Y no se equivoca. Siguen jugando al mismo juego de antes de la pandemia, sin darse cuenta de que su discurso está amortizado. Todos ellos están amortizados. Incluso los políticos encarcelados. La gente se ha dado cuenta de una serie de cosas y ha cambiado ciertas concepciones vitales. Ellos se quedaron hibernados y, al despertarse, han continuado igual, sin mirar y analizar lo que ocurre en su entorno. Porque el entorno ha cambiado y ellos no. Incluso alguno de ellos apuesta por una realidad paralela a la que defendieron en el Congreso de los Diputados. Recientemente Carles Campuzano, ex diputado del PDeCat escribió: “Aquellos sectores independentistas que mantienen posiciones intransigentes, puristas y extremas, que aspiran a mantener el conflicto enquistado, que necesitan de la confrontación continua con el Estado para mantener su rédito todavía especulan con la idea mágica que del hundimiento de España surgirá una Cataluña libre, vuelven a equivocarse. Algo está cambiando, aunque aún están en estado embrionario.

Los que no cambian son los de ERC. Después de varios “no” ahora negociaran la sexta prórroga. Y no por el bien de la pandemia ni de Cataluña, ni de España, sino para dar un paso adelante contra sus colegas de Junts. No puede ser que Torra tenga más protagonismo que ellos. Por eso ahora Aragonés salta a la palestra para pactar con Sánchez. Les cabreó mucho lo de Bildu, pero no por el partido, sin por no ser ellos los escogidos. Porque a todos estos personajes sólo les importa una cosa, o dos. La primera es ser los protagonistas de la película. Este protagonismo es bicéfalo y eso no puede ser. El futuro de Cataluña será de ellos o no será. Y esto lo piensan por igual ERC y Junts o lo que es lo mismo Junqueras y Puigdemont. Y lo que les ha cabreado es que el Gobierno central haya tomado las riendas del país. Ahora han puesto precio al la sexta prórroga y han conseguido lo que querían. Y pasa por vender a los suyos que nunca han perdido el control y que son ellos los que mandan.

La segunda está relacionada con la siguiente frase: “No pretendo que un país deba tener una raza pura, pero hoy una distribución genética en la población catalana que estadísticamente es diferente a la que de la población subsahariana. Hay muchas características de la persona que vienen determinadas genéticamente y la inteligencia es una”. Para este personaje la “población subsahariana” es toda aquella que habita al sur de los Pirineos menos los catalanes. Para Oriol Junqueras fue una mente privilegiada y “su testimonio y su determinación en un momento crucial de la historia debería servir defaro y de ejemplo a seguir”. El personaje en cuestión se llamó Heribert Barrera y fue presidente del Parlament de Catalunya gracias a Jordi Pujol. Así pues, la segunda es el racismo que transpiran estos personajes contra todo aquello que no huela a independentismo.

Esta es el principal “fet diferencial” que marca la trayectoria de todos estos personajes. Unos se están dando cuenta del error cometido enfrentándose no sólo a España, sino dividiendo la sociedad catalana, y los otros siguen siendo racistas por naturaleza. Está en sus genes. Y no les importa nada más. El problema es que convencieron a una parte de la sociedad para que fueran igual o peor que ellos. Mientras que con unos si se puede llegar a un entendimiento, con los otros no. Aquel que piense acabar con el tema del independentismo con cuatro limosnas, una mesa de negociación y varias bajadas de pantalones se conformarán, van muy equivocados. Ellos se creen más inteligentes que el resto y, por eso, los desprecian. Con personajes así nunca puede existir ningún tipo de negociación.

César Alcalá