
“Y una mierda. Y una puta mierda. Dijimos la verdad: que el procés tenía que acabar en la independencia. Eso se impidió con palizas, cárcel, destituyendo Gobiernos y cerrando Parlamentos”.
Con estas palabras contesta Oriol Junqueras la pregunta ¿No engañaron ustedes a los catalanes prometiendo una independencia imposible?, publicada el 18 de enero de 2020 en El País. A parte del lenguaje -supongo que después se confesaría- y a pesar de ser condenado y ver que nada de lo que hace le va a servir para redimir la pena a la que fue condenado, el dirigente de ERC continua con la mentira. Asegura que el procés tenía que acabar con la independencia. Esa era la idea que ellos tenían. Y así intentaron llevarlo a cabo. Recordemos que los días 6 y 7 de septiembre de 2017 se produjo el golpe de estado contra las leyes existentes -Constitución y Estatut- con aquellas leyes de transición. La idea estaba ahí. Evidentemente prometieron algo que sabían no ocurriría. Un imposible. Y si Junqueras se enfada por la pregunta es porque sabe que mintió.
Ahora bien, la segunda mentira de la frase es que aquello no se impidió con palizas, cárcel, destruyendo gobiernos y cerrando parlamentos. No, señor Junqueras. El sabe muy bien que lo de las urnas del 1 de octubre era una pantomima para poner en jaque al gobierno del Estado. El golpe ya lo habían realizado. No lo provocaron los altercados ocurridos. Al contrario, ellos querían una víctima. Así de fácil. Era lo que buscaban. Primero golpe y luego un mártir. De esta manera podían internacionalizar el conflicto. Podían haber dicho que España era un país represor -que lo dijeron- porque habían asesinado a un mártir de la causa independentista. Querían y buscaban un nuevo Companys. Con ello pensaban que las cosas cambiarían.
Pero esto es por lo que respecta a las supuestas palizas. La segunda parte de la frase también está llena de mentiras. Y nos centramos en el 27 de octubre. Hasta esa fecha de haber querido, hubieran podido declarar la independencia. Recordemos que Puigdemont lo hizo y siete segundos después rectificó. Tenían el poder de hacerlo, y no lo llevaron a cabo. ¿Por qué? Como he dicho más de una vez, se vive mejor de la independencia que en la independencia. Todo eran amagos, tira y afloja, chulerías… pero realidades pocas. Estuvieron mareando la perdiz hasta que se aplicó el artículo 155.
¿Igualmente se hubiera aplicado? Evidentemente el Estado no hubiera permitido un proceso como el planteado por los independentistas catalanes. Ahora bien, en un momento determinado parecía que tenían ganas de que todo terminara y el Estado les sacara las castañas del fuego. Luego, evidentemente, vino la disolución del Parlament -porque se convocaron elecciones- y los que no huyeron cobardemente, fueron encarcelados y juzgados.
Todo lo ocurrido en Cataluña en los últimos tiempos ha sido un despropósito. Y el que piense que con la mesa de diálogo se les frenará, se equivoca. Lo dice muy claro Junqueras en la entrevista. Primero no se arrepiente de nada y lo volvería a hacer. Y es que lo tiene muy claro. También lo dijo Aragonés al día siguiente de la investidura de Sánchez, ellos quieres la autodeterminación, la amnistía y que la ley no persiga a los políticos catalanes.
Estas palabras me recuerdan lo ocurrido hace años con Carod Rovira. Fue a Perpiñán y negoció con ETA para que no asesinaran en Cataluña. Y ETA aceptó. Ahora buscan lo mismo. Ser impunes a cualquier ley. Poder hacer lo que quieran sin ser juzgados y condenados. De esta manera podrán trazar sus planes utópicos independentistas. Estar por encima de la ley es su máxima. Difícilmente se les concederá algo parecido. Porque si ellos quedan impunes, cualquier ciudadano podrá quedar también. Los independentistas no son más ni menos que el resto de los españoles. Ellos piensan que lo son, la realidad es otra. Porque, como dice el dicho popular: la ley es la ley y no se la salta ni el Papa, ni el Rey, ni el independentista. Por eso Junqueras contestó de manera tan barriobajera la pregunta, está durmiendo mal porque lo que construyó se está desmoronando.
César Alcalá



