
Nos sentimos relajados, plenos…sin presiones ni obligaciones. Destinamos nuestro tiempo al ocio, al bienestar…lo repartimos entre largas estancias en la playa, piscina o montaña o bien volamos a la otra punta del globo para conocer un exótico país. Y de repente…¿tener que regresar al trabajo tras las vacaciones? Inaceptable. Vuelta al trajín, al ruido, faxes, exigencia de horario y tareas… Este contraste produce unas consecuencias psicológicas y somáticas en un 60% de los españoles según las estadísticas, es el denominado “Síndrome post-vacacional”. ¿Cómo podemos identificarlo, tratarlo y/o prevenirlo?
El Síndrome post-vacacional, también conocido como estrés o depresión post-vacacional, no constituye un trastorno severo, sino que designa un conjunto de síntomas producidos por el retorno a la vida laboral relacionados con la ansiedad y el malestar emocional que persisten en el tiempo y que pueden generar verdaderas dificultades para la adaptación a la rutina. Este síndrome afecta en mayor medida a mujeres, ya que además del retorno a la vida laboral deben reincorporarse a las actividades del entorno socio-familiar.
¿Cuál es el origen de este síndrome post-vacacional? Se cree que es promovido por una visión negativa del trabajo, que se percibe como una actividad tediosa, obligada,…y no como creativa, amena, con sentido…esta es una razón esencial para que el retorno al trabajo produzca estrés y malestar. En cambio, para otras personas, la vuelta al trabajo no supone ninguna dificultad de adaptación, incluso al contrario, regresan con motivación a las tareas laborales, pues para ellos la vida laboral consta de actividades creativas y gratificantes y sus relaciones sociales son satisfactorias.
Las manifestaciones físicas y emocionales del Síndrome Post-vacacional son: ansiedad, ánimo deprimido, disminución del rendimiento, palpitaciones, sudoración, temblores…etc. Si estos síntomas persisten más de unos días puede surgir un trastorno de ansiedad generalizada que presentará un cuadro específico y que puede precisar de un tratamiento personalizado a manos de un psicoterapeuta. Si se llega a este punto se aconseja consultar con un profesional.
Para superar el malestar producido por la reincorporación a la vida laboral se recomiendan seguir algunas pautas efectivas:
- Regular la intensidad del trabajo, comenzar de menos a más intensidad, intentando dar prioridad a las tareas más gratificantes
- Destinar los espacios de tiempo del descanso en el trabajo, hora de comer, etc, para realizar actividades agradables, potenciar relaciones sociales o familiares
- Hábitos de sueño reparadores, entorno a las ocho horas
- Restaurar el biorritmo de la rutina diaria manteniendo regularidad en los horarios tanto durante el día como en las horas de acostarse y levantarse. Durante las vacaciones nos despertamos tarde, comemos a deshora, etc, por eso se aconseja que una semana antes de la vuelta al trabajo te acostumbres a levantarte antes: 1 hora antes, 2 horas antes, etc hasta que el día en que comienza la rutina
- Practicar ejercicio físico 30 minutos diariamente si es posible
- Practicar la relajación regularmente, deshacerse de pensamientos o ideas irracionales que nos produzcan ansiedad y estrés
- No sigas la misma rutina diaria. Al regresar a nuestra rutina de trabajo se tiende a reproducir los mismos hábitos: seguir la misma ruta en coche, comer en el mismo sitio, hablar con las mismas personas…etc. Esto puede producirnos melancolía por las vacaciones, y una forma de reducir este sentimiento de tristeza es…¡realizar algunas modificaciones en nuestra rutina! Podemos practicar algún deporte novedoso, hacer una pequeña escapada de fin de semana,…
- Una actitud resiliente es la que encara la incorporación al trabajo sirviéndose de la energía positiva acumulada en las vacaciones para proponerse nuevas metas y proyectos, tanto en el terreno profesional como personal
- Es indispensable mantener una actitud positiva, y no regodearse en la pereza de volver a la rutina. Intentar dar menor importancia a los síntomas de malestar ayuda mucho, viéndolo como un malestar pasajero
Lucía Rodríguez
Psicóloga

