Una sonrisa, un ¡te quiero! una carta inesperada, cuando suena el teléfono, esa palabra de aliento a menudo esperada; pero que nunca llegaba.
Ese retrato de antaño color sepia, amarillento, recordándonos la fecha de un casi olvidado evento o aquel día que fue grande, siendo ahora tan pequeño.
El reloj que se paró el día de aquel encuentro o aquella despedida, que habita en el pensamiento; pues a pesar de los años está vivo aquel momento.
Son esas pequeñas cosas las que mueven sentimientos; las que siempre permanecen en un rincón del cerebro golpeando el corazón con esos viejos recuerdos.