Decía una abuela mía de sabiduría nata, que nadie se bautizaba si padrinos no tenía y lo decía con sorna que es lo mismo que ironía.
Y a fé que a mi buena abuela la razón no le faltaba; que así nació el enchufe del protegido de marras; que a base del amiguismo el andoba se instalaba.
A llovido, por supuesto, que mi abuela ya descansa; pero en el mundo, el dedo, es de signo eclesiástico bautizando al amiguete, es decir, al enchufado.
Lo más triste de esa historia y de ese real mandato es que encima, el protegido, se vanaglorie del trato sin pensar que se ha cargado, la ilusión de un candidato.