En violeta los puntos donde se colocarán sensores. Foto: Diputación de Barcelona

Esta semana han arrancado los trabajos en altura para instalar un sistema de monitorización en cinco masas rocosas en el espacio de Sant Miquel del Fai situados entre el paso de la Foradada y el Salt del Tenes. Estas obras, con un presupuesto de 44,386.73 € y que ejecuta la empresa Kuroba Quatre SL con la supervisión y asistencia técnica del Instituto Cartográfico y Geológico de Cataluña (ICGC), se realizarán de lunes a viernes para no afectar a las visitas del público y está previsto que duren dos semanas, si la meteorología lo permite.

Los datos obtenidos permitirán ampliar el conocimiento del estado de equilibrio de las masas rocosas instrumentadas y eventualmente establecer parámetros de control para velar por la seguridad del espacio visitable. Además este sistema de monitorización, que se complementa con la instalación de elementos de seguimiento meteorológico, es ampliable en un futuro si se cree necesario por parte de los técnicos responsables.

El proyecto de implementación de una red de monitorización en el riscal de Sant Miquel del Fai redactado por el ICGC responde a la recomendación realizada por la misma entidad en el Plan de gestión del riesgo geológico. En este sentido, aconsejaba la monitorización de las cinco masas para conocer la dinámica natural de su comportamiento y tratar de establecer con más datos su grado de estabilidad y, en caso de que presenten un movimiento que pueda derivar en un desprendimiento, actuar de la forma más adecuada.

Otros objetivos de la auscultación son la detección de movimientos de rupturas precursoras que puedan conducir a su desprendimiento, así como proporcionar un soporte a las inspecciones de seguimiento y ayudar a establecer protocolos de actuación en situaciones adversas.

La finalidad de la instrumentación de bloques es, en primera instancia, la auscultación del movimiento del macizo rocoso para ampliar el conocimiento de su estado de equilibrio y comportamiento. Así pues, se dispondrá de un registro continuo de los movimientos que permitirán una valoración de la estabilidad en todo momento.

La instrumentación consta de una red de sensores de contacto que miden variables del terreno o ambientales. Concretamente, se instalan dos tipos de sensores: unos que registran los posibles movimientos de apertura en puntos concretos de las principales grietas, y otros que son sensibles a los cambios en la inclinación de los principales bloques de roca sobre las instalaciones.

Para cada uno de los bloques se propone situar diferentes puntos de medida, tanto en la base como en las fisuras laterales de cada lado, con nodos de lectura compartidos situados cerca de los sensores, en una zona más accesible. La transmisión de los datos que registran estos sensores es inalámbrico. Asimismo, habrá sensores meteorológicos y ambientales, que medirán su temperatura ambiente. Se trata de un termistor (resistencia eléctrica que varía su valor en función de la temperatura) dispuesto en el interior de una carcasa de protección y un pluviógrafo.