Que el PSOE se ha dado un enorme batacazo en las pasadas elecciones autonómicas en Andalucía, como socialista, que no como andaluz porque no lo soy, me duele mucho decirlo, pero esa es la cruda realidad. Una realidad que estoy seguro llevará a reflexionar al PSOE andaluz que es lo que los socialistas no hemos hecho o no hacemos bien en esa comunidad y porqué nuestras propuestas no han convencido a su electorado.

Pese a las cifras que cada una de las opciones políticas han obtenido en esos comicios, por supuesto como consecuencia de la participación democrática, libre y voluntaria de los andaluces y de las andaluzas, me resisto a creer que la composición social de la mayoría de la gente de esa encantadora tierra y su empeño por buscar soluciones a sus problemas, no esté más cerca de las políticas y los postulados progresistas y de izquierdas, que de las propuestas que les hacen los partidos políticos de la derecha y la ultraderecha.

Algunas de esas propuestas son relativamente moderadas y de corte conservador, pero otras, la mayoría, se fundamentan en un patriotismo rancio que induce a la sociedad a tener actitudes racistas, xenófobas i anti solidarias, que señalan al inmigrante como el responsable de todos los males de esa región, como si estos tuvieran la culpa del desmantelamiento de la atención pública sanitaria, con listas de espera récord por la falta de profesionales, el deterioro de la educación pública, el aumento de la desigualdad o el colapso de la dependencia.

En ese contexto quizás ya no sea tan difícil comprender porque la negativa del gobierno andaluz del PP de aceptar la cesión por parte del Gobierno español de 4.846 millones de euros para corregir la infrafinanciación histórica de Andalucía, que por activa y pasiva, desde la oposición primero y desde el gobierno después, éste siempre había reclamado. Será simplemente porque para privatizar servicios y dar alas a “sálvese quien pueda”, es decir a las políticas neoliberales, ¿ya no es necesario el capital público?    

Y todo eso lamentablemente va continuar igual o de peor forma porque así lo han decidido soberanamente la mayoría de los andaluces y las andaluzas. Pero aún así y desde el máximo respeto democrático por las mayorías, tengo la intuición que no que no ha sido tanto por una convicción ideológica. El pueblo andaluz es vocacionalmente socialista y de izquierdas, mayoritariamente humilde, solidario y un incansable luchador por sus derechos, y es más que evidente que ante determinadas decepciones y carencias, una parte de su electorado se ha cobijado en el argumentario fácil de la derecha y la ultraderecha, y la otra, en la necesidad de encontrar, como escribía Blas Infante, los fundamentos de una Andalucía en un periodo de transformaciones decisivas en el que la identidad aparece como contrapunto para la supervivencia como pueblo.    

Lucio Gat Lavado

Portavoz del Grupo Municipal del PSC de Parets del Vallès