El que esté libre de culpa
bendito sea de Dios,
que bendito es todo aquel
que nunca se equivocó;
obviamente no es mi caso
y le doy gracias a Dios.
Que errar allana el camino
para caminar mejor,
evitando tropezar
en el mismo socavón;
pues rectificar es sabia
y conocida razón.
Yo quisiera con mi ripio
estimular reflexión
a todo aquel que le angustie
tener que pedir perdón;
que ese mundo no se acaba
reconociendo el error.
Liberar la conciencia
de toda equivocación
contribuye, amigos míos,
a vivir mucho mejor;
que es signo de madurez
reconocer el error.
Francisco Barbachano