La política española se está saliendo de madre, pues la ambición de poder está llegando al desastre; se acusan como bellacos locos por colocarse.
Sólo buscan privilegios y acomodo de por vida. Se sacan los trapos sucios sin decoro ni medida; son los que en el Parlamento se tratan de señorías.
El sentido del ridículo lo olvidaron un buen día, cuando al meterse en política creyeron que todo valía; o al menos eso pensaron, las ilustres señorías.
Y todo no vale ilustres. ¡Basta ya de tonterías! que quienes os pagan el sueldo, están hasta la coronilla de tanto cantamañanas, cátedros de la mentira. .