Hay gente en política que llega a ciertos cargos porque sopla el viento a favor desde Madrid, por las modas del momento o simplemente por adaptarse a lo que toca en cada etapa. Y luego están los que aguantan el tipo. Alejandro Fernández encaja claramente en ese segundo grupo.

Durante años, el presidente del Partido Popular de Cataluña ha mantenido una postura firme, muchas veces incómoda, en un contexto especialmente complicado para el constitucionalismo en Cataluña y también, en algunos momentos, dentro de su propio partido. Ha tenido que lidiar con presiones, intentos de apartarlo y etapas en las que defender ciertas ideas dentro del PPC tenía un coste evidente. Y aun así, siguió adelante.

Y junto a él también resistieron muchas personas anónimas y cargos locales que mantuvieron vivo al Partido Popular en municipios donde hacerlo no era precisamente fácil. Concejales, portavoces y afiliados que defendieron las siglas en ambientes hostiles, soportando aislamiento político, críticas e incluso desgaste personal por mantenerse fieles a lo que pensaban. Gracias a ellos, el partido siguió teniendo presencia y voz en lugares donde otros habrían preferido desaparecer o callar.

Muchos de los que estuvieron con él desde el principio saben perfectamente lo que todo eso implicó. Algunos pudieron seguir dentro del partido, otros fueron apartados, relegados o directamente empujados a irse. Hubo concejales, cargos locales y afiliados que pagaron un precio por defender una forma concreta de entender el Partido Popular catalán: más autónomo, más conectado con Cataluña y menos pendiente de los equilibrios internos marcados desde Madrid.

Pero el tiempo acaba poniendo las cosas en su sitio. Hoy, cuando el PPC encara el congreso del próximo 27 de junio con Alejandro Fernández camino de una nueva reelección, muchas de aquellas tensiones parecen haberse quedado atrás. Incluso desde la dirección nacional se reconoce ahora el liderazgo, la resistencia y la capacidad de reconstrucción política que ha demostrado durante todos estos años.

Los resultados del PP catalán en las últimas elecciones, recuperando representación y estabilidad interna, no han llegado por casualidad. Son el resultado de años de trabajo y perseverancia en uno de los escenarios políticos más complicados de España.

Por eso, este congreso no debería verse solo como una renovación interna. También puede ser una oportunidad para cerrar heridas, recuperar gente valiosa y reconciliar sensibilidades que durante demasiado tiempo estuvieron enfrentadas. Porque si algo ha demostrado esta etapa es que el PPC funciona mejor cuando deja atrás las peleas internas y trabaja unido alrededor de un proyecto común.

Alejandro Fernández ha hablado estos días precisamente de un partido “unido, fuerte y con un proyecto ampliamente compartido”. Y además insiste en que hoy representa la verdadera oposición en Cataluña, frente a un Parlament demasiado acostumbrado al colegueo y a los pactos entre los de siempre. Para mucha gente, Alejandro Fernández es el único dirigente capaz de impulsar un cambio real en Cataluña, devolverla al lugar que merece y ofrecer una alternativa firme, sin complejos y centrada en los problemas reales de los catalanes. Y quizá ahí esté la clave de esta nueva etapa: reconocer a quienes resistieron en los momentos más difíciles y entender que muchos de los que fueron apartados nunca dejaron realmente de defender aquello en lo que creían.

La política tiene memoria. Y la lealtad, aunque a veces tarde en reconocerse, también.

Jaime Gelada

Exconcejal y afiliado del Partido Popular