“Espérame en el cielo cariñito adorado”. La canta Antonio Machín y la escucho emocionado. Habla de un gran amor que ya no está a mi lado.
La escucho en mi leonera; o sea, en mi despacho, donde voy pariendo ripios cada viernes sin descanso. Tan solo en agosto reposan, por síndrome de agotados.
Soy de costumbres fijas y por eso me equivoco. Tantas veces en mi vida seguro me he equivocado que procuro, ripio a ripio, los errores enmendarlos.
Y así transcurre vi vida a mis ochenta y nueve años. amo y soy amado y por hijos y nietos cuidado. Eso sí, me falta ella, y eso no puedo olvidarlo!