Tengo una barca en la playa que se llama Soledad. Me la regalo un poeta hace mucho tiempo ya; diciéndome que esa barca era la reina del mar.
Yo la llamo sirenita por su forma de nadar; pues se empina y contonea sin importarle su edad; pero la barca está triste, no lo puede remediar.
Recuerda los piropos de su antiguo capitán; el capitán de sus versos que la tuvo que dejar, para emprender un viaje en carroza celestial.
En el centro de la proa lleva un nombre singular y un pensamiento que dice: -a mi antiguo capitán; el que un día, con sus versos, me hizo reina de la mar.