Dos días, tan sólo dos
y acaba el año movido;
qué bueno será olvidarlo
sobre todo en lo político;
que esos mendas del poder,
el más tonto juega a vivo.
No sé por dónde empezar
para narrar lo inaudito;
lo absurdo, el descalabro
de todo lo sucedido;
que manda muchos bemoles,
la causa del desprestigio.
Entre Feijóos y Sanchísmos
han formado el lío padre;
lo que ni jóvenes, ni viejos,
jamás habíamos visto.
Un desmadre colosal
de padre y muy señor mío.
Lo dicho: sólo dos días
y un año nuevo que empieza.
Será un año de dolores,
especialmente de cabeza.
Hasta a mis ripios señores,
les tiemblan todas sus letras.
Francisco Barbachano