Roberto Giménez

Hoy continuo con la segunda parte de LA CARTA DEL DOMINGO referida a la corrupción municipal del arquitecto Chinchilla en los años 40, recuerden aquel funcionario municipal puesto a dedo por el Gobernador civil de BCN. En la dictadura era sí. La junta local de FET y de las JONS de la Falange franquista formada por una terna de tres candidatos el familiar, el municipal y el sindical que suena chino pero era la llamada democracia orgánica del Régimen.

El gobernador elegía a uno de los tres candidatos, por ésta preferencia: una persona conocida por él, un huérfano de la guerra nacional o un rico porque el último alcalde franquista, Francisco Llobet, cobraba 5.000 pesetas como gastos de representación. El primer ayuntamiento democrático en 1979, el alcalde Rafael Ballús Molina cobraba trescientas mil pesetas que era un administrativo del registro municipal, tras la repentina muerte por infarto coronario en la Llibreria la Gralla  de Josep Camp i Giró que era el jefe del PSC que se había fundado en 1976. Fue entonces cuando improvisaron a Ballús un alcalde que se quedo más solo que la una

Veinte años después el Ministerio de Vivienda dirigido por el vasco José Luis de Arrese, falangista camisa vieja que para conmemorar el fusilamiento de José Antonio el 20 de noviembre de hacía veinte años le recordó al Caudillo que la revolución falangista estaba pendiente. El jefe del Estado siempre pragmático le premió con este importante ministerio porque en España faltaban un millón viviendas

En la rural Granollers de los años cincuenta vivían apenas veinte mil personas con la llegada de los primeros andaluces y extremeños cuando se creó el primer polígono industrial de Jordi Camp a raíz de su muerte por accidente de Tráfico en la Nacional II, en los Monegros, que vivían en las cavernas de RENFE en unas obras inacabadas en los años 20.

El Ministerio de Arrese se tomó muy serio la construcción de Viviendas de Protección Social (VPO) y Madrid pidió al alcalde de Granollers don Carlos Font Llopart,terrenos para construir viviendas sociales que era notario rico y huérfano de la guerra, por eso era procurador en Cortes por el tercio familiar, tenía enchufe.

El alcalde recibió esta propuesta que reenvió al jefe local de la Falange, Pere Viaplana Riera, le dijo que tenían treinta días laborales para expropiar el terreno para hacer las casas baratas y los bloques José Antonio de dos plantas pisos más holgados que se crearon miles en toda España en los 50 y los 60

Pere Viaplana se puso manos a la obra. Todos los propietarios querían vender pese a que el justiprecio era barato  porque eran solidarios no querían ver a familias viviendo en las cuevas salvo uno que no quiso, un especulador, que conocía Viaplana y no se llevaba bien. Tuvieron dos entrevistas y que no. A la tercera Pere le convocó cabreado diciendo al especulador que si esas casa se iban a Mollet, él en persona diría que esos vecinos vivían en viviendas tercermundistas era él. Bien por esa amenaza o por el revólver tenía en la mesa, el especulador firmó y las familias salieron de la gruta.

Roberto Giménez