El mundo ha cambiado tanto que cuesta hacerse a la idea. Lo que prima a diario es un montón de tragedias; todas desesperantes y repletas de miserias.
Padres e hijos se odian salvo algunas excepciones, que hay que buscarlas con lupa de aumento sin limitaciones. El amor ha desaparecido de ese mundo sin sentido.
Los políticos de turno sean de donde sean, se amenazan gravemente como si fueran dementes; es obvio que no les importa lo que preocupa a la gente.
Decir gente me refiero al ciudadano de a pie; el que paga platos rotos sin sentarse a comer. Duele tener que afirmar tanto dolor a la vez.