Francisco Barbachano
Fue el último día de enero
del año noventa y cuatro,
fue un día que, por funesto, 
se ensañó con el bel canto;
pues el despiadado fuego
enmudeció el santuario.

Gran Teatro del Liceo
de Barcelona emblemático,
santuario de la voz
por el mundo respetado;
caía herido de muerte
por el fuego devorado.

Mientras nuestro Gran Liceo
se fundía entre las llamas
se escuchaban los lamentos
de la gloria ya pasada:
Gayarre y el Gran Caruso;
Kraus, Caballé y la Callas.

Fue por radio que escuche
la tan terrible noticia
y como herido melómano
se me nublo hasta la vista;
pues no podía creer
que el bel canto sucumbía.

 Francisco Barbachano