Roberto Giménez

El profesor Salvador Llobet era un sabio del siglo XX con  mucha personalidad; apreciaba a sus alumnos brillantes. Llobet tenía aspecto de cascarrabias, pero sólo en la primera capa de la cebolla. La apreciaba a sus alumnos que tenían la bombilla encendida, y les ayudaba buscando mecenas, si su familia no tenía recursos para que siguiera estudiando. Lo curioso del caso hasta donde yo sé ninguno de esos mecenas desconoce el nombre de sus beneficiados, ni estos quieres eran sus padrinos. El puente era el profesor, Si algo así pasara hoy no se entiende. Al revés, buscaríamos tres pies al gato, porque esta filantropía hoy no se entiende, Una de las perversiones actuales es la peripatética máxima de que todo secreto equivale , por culpa de la política, Pero no es cierto. Llobet  lo enseñó a sus alumnos. Desgraciadamente cada día hay menos maestros salvadores, son una raza a extinguir

Algunas historias podría contar del viejo profesor Jaume Vicens Vives, el mejor historiador que ha tenido Cataluña. El profesor lo admiraba desde leyó su libre iniciático el Montseny, la montaña esmeralda del Vallès…

Que Salvador Llobet fue un hombre adelantado a su  tiempo lo demuestra que en la Escuela de Enseñanza Media en la calle Corró chicos y chicas compartían aula en pleno  franquismo., gracias al franciscano padre Castro en los años cuarenta. En fin quienes lo tuvieron de profesor saben mejor que yo como era porque  fui su alumno. Así que hablo por boca de oído:  una clase suya era un florilegio de la naturaleza especialmente cuando lo hacía al aire libre la montaña esmeralda vallesana. La montaña esmeralda y totémica de un hombre agnóstico.

PD. La continuación de este capítulo lo pueden leer en Memorias de un Director en el libro tyep.net de Roberto Giménez  en VERDADES Y LEYENDAS DE GRANOLLEIG…

Roberto Giménez