Quien había de decirnos
a los niños de la guerra
que habríamos de vivir
con esos toques de queda;
entre tanta incertidumbre
que a todos nos desespera.
El nuevo estado de alarma
facilita libertades.
Deja a las comunidades
que dicten como les plazca
y eso tiene preocupado,
al que sube y al que baja.
Esas nuevas medidas
llamadas de seguridad,
resultan desconcertantes
si he de decir la verdad:
la confusión sigue viva
por falta de claridad.
Ante tal desbarajuste
cuesta mucho comprender,
todas las imposiciones
al ciudadano de a pie:
discordia entre presidentes
y en más de un experto también.
Francisco Barbachano