Lo que más cuesta encajar
de esa ‘pandemia’ maldita,
es no poder abrazar
a lo mejor de tu vida:
ni a tus nietos, ni a tus nietas,
ni a tus hijos, ni a tus hijas.
No consuela la distancia
ninguna tecnología.
Los abrazos virtuales,
son una farsa y mentira;
es necesario sentir
muy de cerca la caricia.
No hay que dar pasos en falso
porque todos contaminan;
pero es necesario soñar
de noche, y también de día,
que muy pronto ha de pasar
esa horrible pesadilla.
Lo de vivir confinados
es un continuo disgusto.
Hay que guardar las distancias
con guantes y mascarillas,
y hay que vivir aplaudiendo
entre penas y alegrías.
Francisco Barbachano