César Alcalá

A diferencia del libro de Eduardo Mendoza Sin noticias de Gurb, desde hace más de una semana tenemos saturación de coronavirus. Por no hablar del confinamiento. Llega un punto que la saturación informativa, unido a no saber que hacer, provoca una reacción en la sociedad ya no solo de pánico o miedo, sino de hastío. De ahí que veamos iniciativa dignas de ser recordadas dentro de mucho tiempo. Improvisaciones musicales, bingos comunitarios, Dj improvisados… y el homenaje diario a los trabajadores de la Sanidad que con su esfuerzo están controlando esta pandemia que nos ha afectado a todo.

El coronavirus nos hace ver una realidad: la globalización. A lo largo del tiempo he insistido que vivimos en un mundo globalizado, donde cada día es más difícil ir por libre. Internet y las redes sociales han supuesto un cambio a nivel global. Se han roto muchos tabúes. Países marcados por fuertes vínculos radicales han visto peligrar sus gobiernos o su status quo como consecuencia de una juventud que utiliza estos medios para saber que hay más allá de las cuatro paredes de su casa. Esto provoca el cierre -capar- el acceso de la gente a estas redes. Ante el problema global del coronavirus hay un pensamiento único. Todos los países del mundo están aplicando las mismas medidas que, en su momento llevó a cabo China. Y lo hacen porque se han dado cuenta que funcionan.

Algunos han llegado antes a las conclusiones chinas y otros un poco más tarde. Ahora bien, todos los caminos llevan a un punto común. Quedarse en casa es la mejor manera de prevenir la propagación de este covid-19 que es muy pequeñito, pero muy jodio. Perdónenme la licencia. También esta pandemia está provocando una solidaridad a nivel internacional. Estamos dejando a parte un individualismo para avanzar a un común denominador que se llama: sociedad global. El coronavirus ha hecho ver a muchos dirigentes que, por encima de las diferencias económicas, sociales o de pensamiento, está el hecho de que todos vivimos en un mismo planeta y que debemos ayudarnos por el bien común. Si una cosa beneficiosa tendrá esta situación será el cambio de mentalidad de muchos. N cambio en positivo y un nevo orden mundial. Pues el covid-19 ha sido el primero. ¿Quién nos dice que no habrá otro? Por eso las naciones se mantendrán atentas y en guardia. En solidaridad unas con otras.

Y la excepción de esta globalización la tenemos en casa. Cuando todo el mundo se da cuenta de una realidad, salen por la televisión una serie de personajes que parecen llegados de Marte. Como si ellos fueran inmunes o el mundo se hubiera conjurado para destruirlos. Me refiero, como no, a Torra y sus mamporreros. En sus declaraciones está intentando dar rédito a un independentismo que a nivel mundial nadie asume, enviando cartas que nadie lee, y haciendo declaraciones que sólo los muy cafeteros se tragan. Torra y sus mamporreros no han pasado de pantalla. Se han quedado en una virtual, con un discurso aburrido y caduco, expresando que Cataluña es una nación y que España los ahoga y no les dejan hacer la suya.

Están llevando el circo del procés a niveles miserables. En estos momentos nos damos cuenta de que estaban ahí con un solo propósito: machacar con el tema de la independencia. Llamarlos políticos es insultar a los que lo son. Torra y sus mamporreros son aprendices del absurdo. Y el fugado ha perdido todo el protagonismo. El Parlamento Europeo cerrado. Las televisiones con el monográfico del coronavirus. ¿Y ahora qué? Sencillamente, han perdido una batalla. Por eso Torra va con el paso cambiado. Tiene que salir si o si en las noticias, aunque sólo sea unos segundos. Porque tienen esa necesidad. Saben que de desaparecer su quimera se desvanecerá. Y eso no lo pueden aceptar.

Tenemos lo que nos merecemos con estos políticos, pues una inmensa mayoría de catalanes los votaron. Ahora bien, como sociedad debemos reflexionar durante este confinamiento y pensar si todo esto del procés ha valido la pena. Luchas familiares, sociales y políticas. Fragmentación de la sociedad. Divisiones y humillaciones. Golpes de estado y rupturas del estado de derecho. Discursos y contra discursos… Y todo se ha volatilizado por culpa de un jodio virus. Y la sociedad fragmentada se ha vuelto a unir en estos momentos difíciles. La sociedad está demostrando que es más inteligente que sus líderes políticos. Cosa no muy difícil según con quien se compare uno. Muchos han dejado atrás el lazo amarillo y tienden la mano al vecino que dejaron de hablar. Esta es la lección de una sociedad que Torra y sus mamporreros no entienden, ni nunca entenderán. Un 10 para la ciudadanía global.

César Alcalá