César Alcalá

Últimamente se ha puesto de moda la figura del Rey. Esto no es del todo bueno. Cualquier institución es mejor que pase desapercibida. Cuando el nombre de esta va de boca a boca o es reivindicada o atacada por estamentos o partidos cercanos o contrarios, eso significa que hay algún problema. Y este se acentúa cuando nos acercamos al esperpento.

¿Qué quiero decir? No hace muchas semanas el presidente del gobierno, Pedro Sánchez, en un discurso de campaña electoral, reivindicó la Segunda República -una reivindicación muy vinculado a la progresía de izquierdas que la consideran un hito histórico, cuando en realidad fue uno de los peores periodos de la historia de España- y finalizó el mismo discurso afirmando que Felipe VI es quien mejor representa sus valores.

Esto desde el punto de vista histórico y de coherencia entra en contradicción. Un Rey nunca puede representar los mejores valores de la República. Podrá representar los mejores valores de la Monarquía, pero nunca algo contrario a su institución. Es decir, el Rey no puede ser el mejor republicano de un país. De serlo o bien no es una republica o bien no es un rey.

Pero no nos quedamos con el presidente. La líder del PP en Cataluña y en España, Cayetana Álvarez de Toledo, XIII marquesa de Casa Fuerte, ha afirmado que los valores de la república los encarna el Rey. Y no digamos nada el otra día cuando Iglesias y varios podemitas aplaudieron el discurso del Rey en las Cortes. Uno puede entender que Iglesias y sus acólitos hicieran este gesto una vez han llegado al poder. Uno puede ser progre, pero hasta un cierto nivel. Cuando se empieza a comer caliente y se tiene la hipoteca pagada se dejan los prejuicios y se aceptan las mayorías.

Ahora bien, no es normal que una marquesa afirme que el Rey encarna los valores de la República. Esto es inaceptable. Mi admirado Tito B. Diagonal la expulsaría de la zona alta de Barcelona. ¿Cómo se puede defender algo semejante? Y es que estamos perdiendo los principios. Queremos ser demasiado “guays” y mezclamos conceptos que, como el agua y el aceite no se mezclan, al contrario.

Tenemos la suerte de vivir en una monarquía parlamentaria. Y eso nos tendría que servir. Es más, nos ha servido durante 40 años. Ahora parece como si quisiéramos rizar el rizo de una situación que a algunos se le hace complicado. Es decir, ha llegado un momento en el cual queremos justificar lo injustificable. El Rey es rey y forma parte de un sistema político llamado monarquía. Luego existe otro llamado república. Mezclarlos es imposible. Es como ser maoísta y de derechas. Es imposible. El problema es que en muchos discursos político se está aplicando un principio progresista. Quieren conseguir el voto de aquellos que nunca les votaran con un discurso izquierdista.

Se equivocan profundamente. Unos por querer justificar su republicanismo y los otros para convertirse en algo que no son. Todas estas visiones sectarias y contradictorias no aportan nada bueno a la política. Hay que decir las cosas por su nombre. E intentar hacer una tortilla sin romper un solo huevo es una gran equivocación. Algunos se lo tienen que hacer mirar.

César Alcalá