César Alcalá

En los últimos tiempos, como consecuencia de la evolución de la política española, son muchos los que afirman lo siguiente: ¿en España hay demasiados políticos? Esta afirmación quizás sea cierta, pero no es la pregunta. Antes de hacernos la segunda, intentemos responder la primera. Existen 67.121 concejales y alcaldes en toda España. A esta cifra debemos añadir los que forman parte de los diversos parlamentos comunitarios, los políticos de nivel medio y aquellos que están en el Congreso y en el Senado. En total podemos decir que, en toda España hay 393.473 personas que se dedican a la política.

Esto no significa que todos ellos vivan de la política, pero sí que tienen un cargo relacionado con ella. Como decíamos anteriormente, la pregunta no es si hay demasiados políticos. Si existen tantos es que la ley 7/1985, de 2 de abril, Reguladora de las Bases de Régimen Local, lo permite. La pregunta que uno debe hacerse es: ¿son necesarios?

Hagamos una prueba. ¿Cuántos políticos puede usted nombrar? Y no estoy preguntando por los de su municipio. Hablo de toda España. Con mucha suerte y siendo generosos quizás conozca unos 50 políticos. Tal vez 25. Y la inmensa mayoría no pasa de 10. La mayoría conocen a los de su municipio y desconocen completamente los de municipios un poco más alejados y no digamos los de otras provincias. Y si nos centramos en concejales de distrito el desconocimiento es mayor. En definitiva, hay un gran desconocimiento de estos llamados “servidores públicos”.

¿Hay muchos políticos en España? Eso depende del trabajo que hagan. Y si existe un gran desconocimiento significa dos cosas: o que no son necesarios o que no hacen bien su trabajo. También puede ser que sean desconocidos y que su trabajo sea excelente. De ser así, ciertamente no sería un desconocido.

Lo importante para muchos de ellos es la segunda fila. Los técnicos a nivel municipal y los secretarios de estado y directores generales a nivel general. Estos son los que realmente llevan las riendas del día a día del país. Estos personajes no hacen política. No les toca. Muchas veces siguen las directrices del político. Digo que a veces siguen porque es el político el que debe explicar a su equipo qué quiere, cómo lo quiere y dónde han de llegar. El problema es que muchos de ellos no saben ni por donde empezar. Con lo cual el técnico, secretario de estado, director general… le dice: “no te preocupes. Esto va solo”. Y es cierto, va solo porque los que ahí están seguirán, mientras el político se marchara con suerte al cabo de cuatro años.

En toda España hay 8.131 alcaldes. Muchos de ellos no necesitarían a los concejales. Recordemos que el alcalde tiene la potestad de ceder o no competencias. Con lo cual un alcalde siempre se rodea de concejales y estos, a su vez, delegan en los técnicos. Siendo así las cosas, tal vez sería bueno que el alcalde delegara en los técnicos y nos saltáramos una escala intermedia. No en todos los sitios, pero si en un número importante de municipios. Y así podríamos ir escalando posiciones y reduciendo personal.

Y si nos centramos en la política catalana, frenada desde 2017, la suerte que han tenido los ciudadanos es que los técnicos -también funcionarios- han seguido trabajando el día a día. No se ha hecho política. Se han arreglado los problemas de los ciudadanos. Y es que la maquinaria de la administración lleva un ritmo y nunca se para. Es muy difícil hacerlo. Camina sin políticos, pues en la mayoría de los casos no se enteran de lo que ocurre. Esa es la suerte, porque teniendo en cuenta no sólo la inoperancia de muchos de ellos, sino que están más preocupados en otras cosas que en trabajar “por el bien común” o por “hacer política”. La mayoría están para calentar la silla y cobrar a final de mes. Porque eso sí, por muy incompetentes que sea, el sueldo lo cobran. ¡Faltaría más!

Así pues, es muy probable que en España haya demasiados políticos. También hay demasiados que se apuntan a la política para ver que sacan. Muchos no tienen ni idea y, lo peor, se marchan igual que llegaron. Un porcentaje mínimo valen la pena. Y una gran mayoría nadie los recordará. Con lo cual es lógico que muchos ciudadanos se hagan esta pregunta. Y lo peor no es hacérsela, sino la contestación.

César Alcalá