Roberto Giménez

La situación política de Catalunya es deplorable, y la general de España es deprimente por todos los actores, sin excepción. Es como si la peste negra hubiera infestado la nación.

No soy nacionalista porque si pudiera elegir preferiría ser francés o inglés pero por desgracia soy español, y especialmente, por ser español y catalán, mi mayor problema es que me duele España, los que conocen bien saben que siempre me ha dolido. Tengo una aguja clavada en el corazón que me sangra a borbotones, y como catalán especialmente desde septiembre del 2012 cuando los nacionalistas se echaron al monte en busca del sueño de Ítaca, el mito de la Atlántica griega que existe tanto como que Zeus vive en el palacio del monte Olimpo. Estoy desconcertado porque muchos indepes no tontos creen el engaño porque quieren creer en un paraíso en la Tierra, que sólo existe en su mente…

La tensión ambiental es tal que si estuviéramos en 1936 en la propia Catalunya se desataría una guerra civil, no exagero, porque muchos amigos han roto, yo conservo los anteriores a 2000, que entonces no lo eran, pero con ellos no converso de política nacional porque no quiero romper la vieja amistad, soy un romántico que creo en ella.

Lo que defienden los indepes es tan delirante que no es la cabeza que piensa sino que es el sentimiento que piensa por ellos, y ante esta actitud vital no existe el razonamiento que valga: es como ser del Barça o Madrid, culé o periquito, Sevilla o Betis. La Coruña o Celta de Vigo, Real o Atlético de Madrid. Es sentimiento es irracional, heredado de los progenitores.

Conozco viejos indepes que hace cuarenta y cinco años lloraron la muerte del Caudillo. No me lo han contado sino que lo he vivido, y sus padres fueron franquistas militantes…

Esta pugna entre separatas y constitucionalistas no provocará una guerra civil porque a diferencia de entonces todos tenemos mucho que perder, a parte de la vida. La única virtud del franquismo fue crear un clase media ‘para no hacernos ¿verdad que no vamos a cogernos los huevos…

Estoy seguro que cuando a finales de la primavera el president del Parlament, Roger Torrent, convoque elecciones catalanas los radicales de la CUP subirán  como la espuma no porque hayan recuperado la cordura (el seny) sino que ahora mismo tocan los pies al suelo y reclaman el adelanto electoral. Los ex convergentes de Junts per Catalunya están para ponerlos en un frenopático, y los republicanos de ERC se han convertido en esquiroles por haberse abstenido con Pedro Sánchez

La política catalana es de locos.

Roberto Giménez