Francisco Barbachano

Sucedió en una autopista
que un ciudadano español,
se apoyo en un alto báculo
y el pobre se electrocutó:
¿y saben, quien pagó el pato?
el chispa que lo instaló.

En ese tramo vial
no había cables de tierra;
que el ingeniero de turno
era un pájaro de cuenta
de esos que, puestos a dedo,
se apoltronan y meriendan.

Acudió en el juzgado
el chispa y un delegado
y relataron al juez
el incidente del báculo;
mientras que, del ingeniero,
no se le vio ni el retrato.

Nadie supo a ciencia cierta
el resultado del fallo;
lo que sí pudo saberse
es lo del apoltronado:
siguió viviendo a lo grande,
siendo un inepto probado.

Francisco Barbachano