No éramos independentistas

octubre 31 09:29 2018 Print This Article

César Alcalá

El independentismo en Cataluña, a pesar de las encuestas, es minoritario. Lo ha sido siempre y lo sigue siendo hoy en día. Quizás los más independentistas son las CUP, por su anarquismo y su anti sistema. Los de ERC lo son, pero no tanto. Lo han demostrado desde que se fundaron en 1931. Y no lo eran ni Macià. El cual se rebotó porque no le aceptaron una proposición en el Congreso. De ahí Prats de Molló y todo lo que vino después. En el fondo Puigdemont ha actuado como Macià hace casi 100 años. Y no hablemos de Companys. Un caso evidente es Tarradellas. Luego esta la antigua Convergència, que ahora son independentistas por postureo, por que no han leído la realidad de la sociedad catalana.

El problema actual de Cataluña es social. De falta de liderazgos. La gente está completamente aburrida de sus políticos. Estos han actuado de espaldas a la sociedad, aunque contaban con ella para que les votaran. Es como la vieja historia del turismo. Cualquier cosa vale porque siguen viniendo y se lo pasan bien. En el momento que en otros sitios los han tratado mejor, se han largado. En la política ha pasado lo mismo.

Los llamados partidos independentistas solo saben hablar de futuribles. Esto les ha permitido estructurar un mundo fantástico que han comprado muchas personas que no son, ni nunca serán independentistas. La sociedad catalana ha dicho basta a muchas cosas, entre ellas las promesas que les han vendido durante años.

Tiempo atrás la gente tenía un futuro relativamente estable. Hoy en dia las coas son muy diferentes. Nuestros jóvenes tienen un futuro bastante claro-oscuro. Nuestros mayores tampoco no están mucho mejor. El trabajo está en peligro por la marcha de empresas y porque algunos sectores no han sabido ponerse al día. El sector servicios sobrevive, pero no tira cohetes. En poco tiempo se ha puesto todo muy complicado. Vivir ya no es tan fácil. No hay posibilidad de ahorro y la gente llega a final de mes con dificultades. Muchos se hipotecan o piden créditos para poder sobrevivir. Y si encima les ha caído encima una de la peores crisis económicas de los últimos tiempos, la desesperación es absoluta. En definitiva, la sociedad española y catalana tiene un problema que los políticos no le saben o quieren poner solución.

Llegados a este punto alguien se inventó un cuento. Con una música muy bonita y que se fue repitiendo, repitiendo, repitiendo… hasta la saciedad. Era una sociedad utópica. Donde todo era dulce y agradable. La gente ganaba dinero y llegaba a final de mes. Serán más ricos. Vivirían mucho mejor. Todo sería maravilloso. Y, claro, aquella familia que se daba cuenta de lo depresiva que era su vida, compraron la utopia. Y contra más veces lo repetían, más personas lo compraban. Y así se llegó a que la independencia llegara a cuotas que ni los más independentistas se han creído nunca.

Aún hay algunos políticos que continúan vendiendo humo. A estos les interesa la irrealidad porque desean seguir viviendo de ello. Pero la sociedad se está desinteresando y por eso está bajando el porcentaje de independentistas. ¿Por qué? Muy claro. La sociedad es más inteligente que muchos políticos. Se han dado cuenta de la mentira y han pensado que, mal o bien, sobreviven. ¡Qué no es poco! Saben que los milagros no existen y que con o sin independencia, seguirán como ahora. Y, si han de seguir igual, ya están bien como están.

Los políticos de la llamada nueva política deben atacar los puntos débiles de la sociedad. Es indecente que una parte de la sociedad viva precariamente. Hay que gobernar para y por el pueblo y no de espaldas a él. Solo así habrá estabilidad. Hoy ha sido el independentismo. Mañana será otra cosa. La gente se acostumbra a vivir, pero hay que darle facilidades.

César Alcalá

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