El problema de TV3

septiembre 09 11:12 2018 Print This Article

Como ya conocen mis lectores conocí a Albert Rivera y nadie puede ser amigo suyo porque utiliza a los demás como si fueran escalones de una escalera de caracol con vistas a la Moncloa, no he conocido una estrella política así, pero me imagino que es lo natural. No soy psicólogo pero sí tengo sentido común. Prefiero haberlo conocido en cueros como cuando se presentó hace once años. No me engaña.

Entiendo que a los separatistas (no me gusta esta palabra porque es una herencia franquista pero como lo de ‘separatas’ les ofende me quedo con lo de separatismo; no quiero molestar a mis amigos, ‘ene’ políticos), les escueza como si les hubiesen picado una medusa en la costa Daurada, al oír abrir el Tele-noticies del migdia y vespre, el viernes, con la noticia de que Albert Rivera les dijera, en su cueva de lobos, las verdades del barquero: que están al servicio de quien les paga. Hay que tener los cojones de un toro para decirlo mirando a los ojos a la presentadora sin que se fundiera los focos.

Rivera es valiente porque no tiene que seducir a la Nostra: su banco de pesca está en toda España y él no tiene nada que perder en los platos de TV3. Esa guerra la tiene perdida porque ‘qui paga mana’. Es una frase típica catalana que no hace falta traducir porque hasta el más lelo la entiende.

Conozco el periodismo y sé que no existe oficio tan valeroso y rastrero como éste: los periodistas están al servicio de la empresa a la que sirven. Este hecho no es exclusivo de España sino de todos los países democráticos, pero en España como la tenemos más a mano la conocemos mejor.

No sólo hablo de las públicas sino de las privadas. Daré dos ejemplos de televisiones generales: Antena 3 y Tele 5, la Sexta y la Cuatro respectivamente, para abrazar a los espectadores de la derecha y la izquierda una misma empresa.

Como los periodistas no son tontos nadie les tiene que decir el qué, por eso la presentadora de TV3 le dijo muy sería a Rivera que a ella, Lidia Heredia, nadie le marcaba las preguntas cuando el político denunció que mentían y que TV3 estaba al servicio del separatismo.

El problema de los canales públicos, y subvencionados, de Catalunya no es que estén al servicio del separatismo sino que, desde 1983 cuando Jordi Pujol cortó la cinta inaugural de las emisiones, no han hecho otra cosa, sino que técnicamente es una televisión que nada tiene que enviar a las nacionales, porque era contra quienes tenían que competir.  En resumen las armas del nacionalismo han sido tres: paciencia, la escuela y TV3.

Por eso la Corpo es la niña de los ojos de la política nacionalista que hace años que desde hace seis años se ha quitado la careta.

Roberto Giménez

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