80 años de Paz, Piedad y Perdón

julio 18 19:59 2018 Print This Article

César Alcalá

El 18 de julio del 1938 España llevaba dos años de guerra. A sus espaldas se contabilizaban miles de asesinatos, bombardeos a ciudades, marcha de los niños al exilio, migración de personas ante el avance del bando nacional… Las expectativas eran complicadas para el gobierno de Manuel Azaña.

A mediados de ese año el bando republicano había quedado dividido en dos sectores. Unos estaban a favor de la resistencia y una insegura victoria. El otro apostaba por la paz. En ese primer bando estaba el presidente del gobierno Juan Negrín. Aún cuando Azaña era partidario de la paz, en ningún momento retiró su apoyo al gobierno. Con el avance de la guerra Azaña sabía que una rendición incondicional era muy complicada. Por eso decidió dar un paso adelante. Empezó a hacer llamadas al cese de la guerra y la negociación. Y estas llamadas no se hicieron cuando pensaban en la pérdida de la misma, sino ante de la gran ofensiva militar para recuperar la iniciativa en el Ebro. Es decir, mucho antes que la guerra se decantara a favor de unos u otros.

Como consecuencia del avance del bando nacional, el gobierno de la República se trasladó primero a Valencia y, desde el 20 de noviembre del 1937, se instalaron en Barcelona. Había llegado el momento de explicar lo que pensaba sobre la guerra y su posicionamiento contrario a Negrín. Por eso decidió pronunciar un discurso el 18 de julio de 1938, conmemorando los dos años de guerra.

Para pronunciar aquel solemne discurso Azaña escogió el Saló de Cent del Ayuntamiento de Barcelona. Fue recibido por todos los regidores en la escalinata de acceso. Asimismo fueron invitados representantes diplomáticos, el gobierno de la nación, el gobierno de la Generalitat y diputados que vivían en Barcelona. Al final marcharon juntos el presidente del gobierno Negrin, el ministro de Estado Álvarez de Vayo y el jefe del Estado Mayor de la Defensa Vicente Rojo. Debemos suponer que a Negrín no le gustaron demasiado el contenido del discurso.

Durante todo el discurso Azaña mantuvo un tono pausado y muy alejado de la arenga política. Durante 74 minutos reflexionó sobre la situación en la que se encontraba España y aseguraba que ni los que la habían llevado a ese extremo eran conscientes de las consecuencias. Analizó la guerra civil en el contexto del conflicto europeo y denunció la presencia y la participación de Alemania e Italia.

Javier Tusell calificó el discurso de Azaña como «uno de los mejores de su vida, y probablemente el más brillante y emotivo de los que se oyeron durante la guerra». Para Santos Juliá Azaña hace un discurso de paz con la intención de preparar a la opinión pública para que aceptara una mediación.

El discurso Paz, Piedad y Perdón ha sido utilizado, desde ese día, en momentos muy concretos y, más bien, cuando se ha buscado la reconciliación.

Fue utilizado durante la transición; durante el proceso de tramitación y aplicación de la ley de la memoria histórica; y durante el intento del final negociado del terrorismo de ETA en el primer gobierno socialista de Rodríguez Zapatero. Ante la petición en el Congreso, por parte de ERC, de que el estado pidiera perdón a la familia de Lluís Companys por su fusilamiento, el diputado Jorge Fernández Díaz declaró que «con ese espíritu no se hubiera aprobado la Constitución de 1978… durante la transición una generación renunció a legítimas reclamaciones para desterrar el odio y seguir a Azaña cuando pedía paz, piedad y perdón».

Así pues, hoy se cumplen 80 años de aquel solemne acto. Unos hechos que deben recordarse no ya porque formen parte de nuestra historia, sino porque el pueblo español está condenado siempre a reconciliarse. Ya sea a través de una confrontación civil o por unos malentendidos nacionalismos que intentan romper la armonía entre los ciudadanos. Es así. Quizás esté en nuestros genes. Pero también están estas palabras con las cuales quiero acabar y que son el pensamiento de un hombre que, por encima de todo, vio en la paz y el perdón el antídoto para una España que generación tras generación se condena a la autodestrucción. Decía Manuel Azaña Díaz:

«cuando la antorcha pase a otras manos, a otros hombres, a otras generaciones, que les hierva la sangre iracunda y otra vez el genio español vuelva a enfurecerse con la intolerancia y con el odio y con el apetito de destrucción, que piensen en los muertos y que escuchen su lección: la de esos hombres que han caído magníficamente por una ideal grandioso y que ahora, abrigados en la tierra materna, ya no tienen odio, ya no tienen rencor, y nos envían, con los destellos de su luz, tranquila y remota como la de una estrella, el mensaje de la patria eterna que dice a todos sus hijos: Paz, piedad, perdón».

César Alcalá

Finalmente una recomendación. Ustedes que pueden lean el discurso íntegro de Manuel Azaña y extraigan sus propias conclusiones. En este link pueden acceder a la transcripción íntegra del discurso:

https://www.alianzaeditorial.es/minisites/manual_web/3491170/CAPITULO6/DOCUMENTOS/18_DiscursoAzana.pdf

Escuchar el discurso

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