El ejemplo alemán

julio 15 06:52 2018 Print This Article

Los estelados se han venido arriba con la sentencia del tribunal regional alemán de extraditar a Carles Puigdemont sólo por malversación de fondos públicos que, a buen seguro, le costaría la máxima condena del código penal de cinco años de prisión para compensar el fiasco legal de no apreciar delitos de rebelión.

Más que rebelión creo que el delito fue de sedición, que es un escalón menor en la tabla de condenas penales. Me hace gracia, es un decir, que ahora los indepes digan que el ordenamiento político alemán es ejemplar, mientras que el español es vengativo…

Entiendo que los jóvenes desconozcan la Historia reciente del método ‘ejemplar’ que practican los alemanes (y los belgas). Empero, me sorprende el olvido que sufre la gente de mi generación sobre los medios expeditivos alemanes como eliminaron a la Fracción del Ejército rojo (RAF), la banda Baader-Meinhog, en la prisión de alta seguridad de Stuttgar-Stammheim, en 1977. A la mañana siguiente despertó el día con toda la banda suicidada en sus celdas. Ese fue el informe oficial del forense de la prisión.

También he citado a Bélgica porque país tiene la mitad flamenca que reclama el Derecho de Autodeterminación de la región que es la zona más industrial y rica. Les ocurre como a la Liga del Norte de Italia. Los ricos siempre quieren separarse de los pobres (Roma Ladrona), pero los reyes y el gobierno belga no deben ser democráticos porque se hacen los suecos.

La Republica catalana proclamada formalmente (según la escocesa Ponseti fue un farol del fugado) no existe porque el golpe de Estado a la Constitución española fracasó por la actitud política de Rajoy, que hubiera sido la misma que Pedro Sánchez porque nadie puede saltarse una Ley democrática. Me aburro de repetirlo: no hay peor sordo que quien no quiere oír.

Estoy convencido que Alemania y Bélgica (por no hablar de Francia o Italia) si hubieran sufrido a un ataque a su legalidad, como España, habrían actuado con la misma contundencia, y sospecho que a Alemania se habría pasado la mano como hizo con la banda leninista, porque no hay castigo más duro de un Estado que poner fuera de circulación a los políticos desleales que quieren acabar con él. El código alemán lo llama traición, pero la percepción no es igual para un cornudo a quien no lo es.

Roberto Giménez

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