¡Pobre España!

julio 08 08:03 2018 Print This Article

En esta coña de la reunión del día 9 en la Moncloa entre dos novatos presidentes. Hay ser muy bobo para creer que no es un paripé entre un presidente que sabe hasta dónde puede, y quiere, llegar, que no podrá hacer más que Rajoy.

Estoy seguro que Mariano, tras haber digerido su caída de gobierno. No volverá a intentarlo. Ni a Felipe González ni a José María Aznar se les ocurrió. Hay que ser masoquista para volver a asumir el marrón.

Este verano será  el más feliz y tranquilo de Mariano, igual que cuando se casó con Elvira, vivirán una envidiable pasión…

En el caso de Rajoy su experiencia aún ha sido peor que la de sus predecesores porque ha sido una pesadilla continuada desde el km O, sin comerlo ni beberlo. Rajoy es un inocente culpable. Ahora mismo encantado con el error de su condena.

La noche del 20-N de 2011 en el cielo de España parecía un infierno con una descomunal crisis económica que iba jibarizando la economía de los españoles. Era la tormenta perfecta que la había somatizado mental y físicamente en la Moncloa.

En Santa Pola de la tranquila Costa Blanca de Alicante ha descubierto lo que no sabía: que era el prisionero de Zenda, y a un preso cuando le abren la puerta de la Libertad lo último que quiere es volver a su prisión palaciega.

Porque un político honesto, considero que lo fue, que su ambición política era servir a España, a la España que tenía en su cabeza (cada español tiene una en la sesera). Es el conocimiento de la realidad el que te ayuda a tocar las teclas para que la maquina de la nación funcione correctamente, como la Maquinista de la General.

El presidente es el responsable que la locomotora funcione, pero no que llegue a la Estación de término que le amarguen la conducción.

Al margen de la crisis de caballo que empezó hace diez años, y que la mayoría hemos salido del túnel, cuando no mutilados, con heridas, mercromina, gasas y vendas.

Pero lo peor no ha sido la crisis general, sino la conjunción de dos temibles enemigos: uno externo y otro interno que le han sido, la externa, una auténtica pesadilla para los que, por encima de todo, no sentimos españoles: durante cincuenta años ETA nos rompía el corazón, pero desde septiembre de 2012 los estelados han cogido el relevo para acabarlo de romper.

El enemigo interno para Rajoy ha sido que la Justicia demostrara (Mazo a mazo. Sentencia a sentencia) que los ratones habían laminado a su partido y, lo que es aún peor, a las propias Instituciones del Estado.

Dudo que el PP levante cabeza con la soltera o el Casado, pero no dudo que el dragón de la corrupción volverá porque es un monstruo de mil caras.

Son tantos años de decepciones que me pasa algo muy español: ¡me he cansado de serlo!

—Doctor: ¿tiene cura mi enfermedad?

—No.

¡Pobre España!

Roberto Giménez

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