La historia de Òmnium no viene de hoy

octubre 29 07:42 2017 Print This Article

El Talón de Aquiles del bloque constitucional es que el PSOE se siente incómodo con el PP, y tiene motivos: la corrupción del PP ha hecho mucho daño y ha sido uno de los vectores de la crisis nacional que padecemos. Pero los socialistas, en horas bajas, no han perdido su sentido de Estado. Ni Pedro Sánchez, a veces ligero, pisa con pies de plomo. En la mirada se nota que está incomodo para en esta batalla en defensa del orden Constitucional, no le queda otra.

Los militantes del PSOE se sienten incómodos frente a este octubre de un mar de banderas nacionales en el que ha despertado el sentimiento de España en todas las comunidades, también en Catalunya. Los catalanes que no queremos perder nuestro doble sentimiento. El desgarro es tan duro que la herida costará años en desaparecer.

Algunos socialistas se sienten incómodos con la miríada de banderas que se colocan en los balcones y salen en las calles, en toda España, defendiendo la Constitución, porque la bandera que tienen en el corazón, es la tricolor. Les entiendo, aunque no lo comparto, porque no es un extraño fenómeno español. A la jacobina Francia también le pasó: la derecha francesa de origen realista no aceptó sentimentalmente la bandera de la Libertad, Igualdad y Fraternidad hasta acabada la Gran Guerra de 1918. La sangre derramada unió a todos los franceses con la tricolor ¡ciento veintinueve años después!

El grano que tenemos en el culo los que no queremos que nos rompan España en la crisma son las confluencias de Podemos encarnada en Irene Montero, la descubridora del santo Grial que obrará el milagro que necesita España: que la Constitución debe reformarla cada generación para que no sea, dijo, la Constitución de los muertos sino de los vivos. Irene aunque sea muy lista, ningún tonto llega alto en el mundo de las navajas albaceteñas de la política, es una víctima más de la ESO. Un síndrome que hace pensar a los que la padecen que la Historia empezó el día que nacieron.

La Carta Magna inglesa, no escrita, fue acordada hace más de ochocientos años por un pacto entre el rey y los señores feudales. La constitución estadounidense es del siglo XVIII. La alemana y la italiana de acabada la II Guerra Mundial. La francesa, la más bellugina, va por la V Reforma, lo ha hecho casi cada cincuenta años. La pareja de Pablo Iglesias le huele la boca tras descubrir la sopa de ajos.

La ESO también ha afectado a Cataluña porque el sofisma capital de los indepes es que a veces hay que romper con las leyes porque hay momentos en la Historia que hay que superar una Ley injusta como hace cincuenta años rompieron los negros de América de la mano del pastor Martín Lutero King. Con esta verdad  sientan cátedra para justificar con la ruptura de la Constitución española que en 1978 votaron el 90% de los catalanes.

Sin embargo, esta comparación es falsa, como lo fue la prohibición de la esclavitud a mediados del siglo XIX porque la ley de esclavitud no fue aprobada por los negros ni tampoco la discriminación que sufrían los hijos de los antiguos esclavos estaba reglamentada en ninguna ley. La mantenían los antiguos Estados confederados sureños como derecho consuetudinario fuera de la Ley; como la salvaje tradición africana de amputar el clítoris a las niñas… Nadie votó esa ley ni los negros ni las mujeres…

Pero tampoco crean que esto es nuevo: el domingo 9 de febrero de 1919 Josep Pla escribió en su celebérrimo Quadern Gris: A los barceloneses, sin embargo, la observación objetiva de las cosas no les divierte nunca. Necesitan la incisión malévola hasta la sangre —presentada, eso sí, de una manera bonachona (hoy diríamos que con una ‘sonrisa’).

Por no ser catalanista ni nacionalista OMNIUM CULTURAL, la organización que hoy preside uno de los Jordi de Soto del Real, no concedió al escritor ampurdanés el Premi de Honor a les Lletres Catalanes a la mejor prosa de la Historia de la Literatura Catalana…

Roberto Giménez

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