Me resisto al apero de los bueyes

Febrero 19 07:16 2017 Print This Article

Me gustaría tener veinte años para volver a creer en la política, pero como soy gato viejo y escaldado milito en el partido de los escépticos. No creo en las palabras sino en los hechos. No digo que todo el mundo sea corrupto, porque el ladrón cree que todos son de su misma condición, pero cuando tenía veinte años luchaba por cambiar el mundo, sí creía en las palabras. Por ellas corría peligros. La generación de nuestros padres defendía el estatus quo, y mi generación quería cambiarlo porque no nos gustaba. Hace cien años Josep Pla decía algo parecido pero con mejores palabras. Yo sólo soy un aprendiz de este oficio de junta letras.

Empero, lo que me sorprende de este momento en Cataluña es que muchas personas de mi edad, que ya frisan los sesenta años piensan como si tuvieran veinte. Están tan ilusionados con el ‘Mañana será nuestro’ que cantaban los jóvenes nazis en la película Cabaret de Liza Minelli. Eso piensan los nacionalistas catalanes, no los llamo nazis, convertidos en separatas por una suma de convergencias, empezando por el tronco de Convergència convertida en un Pecat que me es imposible de perdonar. Ya sé que me he olvidado la ‘d’ pero es que Algo huele mal en Dinamarca, de William Shakespeare, y prefiero dejar ese país escandinavo porque en febrero está congelado.

Sí, actúan como veinteañeros con el encoñamiento de la Independencia, pero no se dan cuenta de la inacción del Govern del pastelero de Amer. Hace trece meses como trece soles que dejó Girona, y el Parlament en este tiempo ha aprobado menos de dos leyes por trimestre, concretamente seis. Podría disculparse esa inactividad si se tratara de seis leyes trascendentales pero no cuela porque de las seis, cinco han sido de trámite y la importante la Ley de emergencia por la pobreza energética ha sido la modificación a la ley anterior tumbada por la Justicia y que ahora parece que ha pasado el filtro legal…

La política del Govern es una política declarativa de sacar pecho contra el Estado que nos tiene a los catalanes enjaulados, que es el discurso de cada martes con que nos ameniza Neus Munté desde que ha cogido el testigo de las peroratas de su antecesor en el cargo, Francesc Homs, el correveidile de Mas que está de embajador plenipotenciario en la capital del reino de los Horcos.

Los empresarios, que por si alguien lo ha olvidado son quienes crean trabajo en una sociedad de mercado, están preocupados por las carencias del Molt Honorable porque en sus discursos económicos repite los tres datos que tiene memorizados y que se resumen en esta sola idea: que al mundo de los negocios internacional no le inquieta lo más mínimo el Procés en el que está embarcado la Generalitat. Que si bien es cierto que no tiene apoyos en Europa ya los tendrá cuando el mundo vea que es Cataluña entera la que quiere romper con España.

Viven en su mundo de fantasía como si tuvieran esos envidiables veinte años.

Artur Mas va a Madrid para dar una conferencia donde explica que gobierno de España está urdiendo un plan malévolo, creando un estadio mental inventado a raíz de las declaraciones de Ana Magaldi, la fiscal jefe de BCN para activar la segunda fase del plan, porque el Estado ha decidido suspender la autonomía como si estuviéramos en ciernes de una regresión democrática. El grito es que viene el lobo feroz con hambre atrasada para comerse a los demócratas del país donde se baila la sardana…

Y este cuento es vivido por los separatas como una agresión del Estado a las libertades de Cataluña. Nos tratan como si fuéramos menores de edad (en el franquismo la mayoría de edad no se alcanzaba hasta los veintiún años). Que eso esté pasando en Cataluña dice poco bien de los separatas capaces de comulgar con ruedas de molino.

Me resisto a que me pongan este apero como a los bueyes.

Roberto Giménez

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