El panzer Durán atravesó la Línea Maginot de Quico

diciembre 20 08:35 2015 Print This Article
Roberto Giménez

Roberto Giménez

Mi mujer me dice que soy un enfermo de la política, y acostumbra a tener razón. No entiende que me interese más el enésimo debate electoral que la película Todo sobre mi madre. No sirvo para ser buen perro de compañía.

Me he tragado todos los debates de televisión, exceptuando los de TV3. Ese canal me supera. Lo siento. Me pasa lo mismo, aunque por otros motivos, con Tele 5.

He visto el debate ‘decisivo’, el cara a cara, los de Cuní… y de todos (cuatro en total), el que más me gustó fue el del martes en 8TV entre Quico Homs y mi paisano de segundo apellido Durán i Lleida.

El de Unió le dio una paliza a Homs que le heló la sonrisa sardónica hasta convertirla en un rictus; haciendo bueno el viejo dicho de que no hay peor cuña que el de la misma madera. Para quien no conozca el sentido de la frase: no hay peor enemigo que un ex amigo, porque conoce hasta la leche que te amamantó. Todo sobre tu madre.

Durán no estaba en el plató de 8TV para sonrisas ni gaitas. Entró como un panzer alemán sin  piedad sobre la Línea Maginot defendida por el soldado Quico.

Josep Cuní, en una ocasión, tuvo que entrar a rescatarle, tocando la campana, para que el noqueado sparring pudiera respirar y continuar el combate dialéctico formalmente, eso sí, respetuoso.

El panzer obediente calló, Quico tomó aire. Y con una sonrisa impostada volvió a salir al ring para que el de Unió fuera poco cristiano y continuara propinándole otra ensalada de hostias bien fundamentadas. Canónicas.

Esa noche al cerrar los ojos Quico vería más estrellas que en Belén o las que se ven en una noche despejada y sin niebla en su Taradell natal.

Por culpa de esos automatismos de la mente a los 45 minutos del debate le pusieron una coma y se pasaron en 4,5 minutos. Al acabar el espectáculo, que me supo a poco, recordé Las Analectas de Confucio.

Este sabio chino del siglo VI antes de nuestra era, aportó a la Historia de la Civilización el concepto de la meritocracia. Esto es: para ascender al gobierno no valen los enchufes sino los méritos profesionales.

El partido comunista chino práctica esa enseñanza de hace 2500 años. Para ser miembro de la Asamblea Popular Nacional, el parlamento chino, los más de tres mil miembros, además de tener el carnet del partido, han tenido que ser los números uno de su promoción profesional.

Por supuesto, Homs en la Asamblea Popular china a lo único que podría aspirar es a ser pasante de un diputado, o repartir quicos en los refrigerios de los asambleistas.

Será por eso que el gerifalte mayor lo envía a Madrid para que haga de su chico de los recados. Como los de Polònia (el único programa de TV3 que veo), así lo vi.

 

Roberto Giménez

 

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