Cuando la pluralidad molesta

abril 25 07:48 2015 Print This Article

marianoCuando se ven rodeados de acólitos enfervorecidos, ciertos políticos se contaminan de la euforia y no prestan la debida atención a lo que dicen. El resultado es que  despotrican más allá de lo que es recomendable y prudente. Pero, la cosa tiene su lado positivo: permite que la gente conozca sus debilidades y eso es muy útil porque los ciudadanos se están volviendo muy meticulosos a la hora de votar y les gusta valorar cada tic, cada mueca, cada sonrisa, cada frase pronunciada por si han de cambiar de candidato, al fin y al cabo, cambiar es posible hasta un segundo antes de acercarse a la urna.

Una de las pocas virtudes que tuvo el segundo mandato ZP, fue que los electores se dieron cuenta que el voto tiene una trascendencia excepcional y que un error en el sentido del mismo es funesto para el devenir del colectivo y del propio votante.

La frase “no es lo mismo dirigir el proceso (soberanista) con muchos ayuntamientos haciendo piña que haciendo la puñeta”, es digna de un prontuario político antagónico del modelo democrático. Comunica que su autor se siente pastor del rebaño y está convencido que únicamente él es capaz de conducirlo a las verdes praderas anheladas por los soñadores, aunque la realidad sea que nadie es imprescindible y que los sueños, sueños son. Es un hombre que le molestan las piedras en el camino representadas por la oposición, necesita la comodidad de disponer  de una autopista impoluta.

Está claro, el hombre pretende el amén del pueblo catalán en bloque. Implora el “todos a una” de Lope de Vega. La pluralidad democrática es para el separatismo un incordio a erradicar. Esa malformación ha de ser tenida como una tendencia peligrosa. Cualquiera que esté mínimamente informado sabe que la esencia de la  democracia es la pluralidad. La mayoría absoluta es buena, como está quedando demostrado, para salir de la crisis o para consolidar la recuperación, pero, para fundar un estado, se presume catastrófica.

A los ciudadanos se les señala y define qué camino conduce al retroceso. De hecho, no van a ser los ayuntamientos los que hagan la puñeta, sino que la harán los ciudadanos que en las municipales no voten a alguno de los dos partidos del programa único, el programa que pretende confundir y convertir unas elecciones al Parlament en un plebiscito. La confusión es la gran aliada del proceso separatista.

Se ha inventado una forma inédita de proclamar la libertad: haciendo la puñeta a los que la pluralidad les hace la puñeta.

M. Riera

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