Ser y no ser en política

abril 06 06:57 2015 Print This Article

cesarEn este país, como diría mi admirado Mariano José de Larra, muchas veces ocurren cosas que reclaman nuestra atención. Ahora bien, si uno las analiza se da cuenta que los orígenes nunca se pierden y que, a pesar de los pesares, todo vuelve a la más absoluta de las normalidades.

Desde que acabó el Antiguo Régimen, allá por la época de Napoleón, las cosas han evolucionado relativamente poco. ¿A qué me refiero? Casi con el término del Antiguo Régimen aparecieron dos grupos radicales que perturbaron la paz del país. Me refiero a los isabelinos y a los carlistas. Dos bandos y dos aficiones dispuestas a dar la vida por ellos.

Con posterioridad tenemos a los liberales conservadores y a los liberales progresistas dirigidos por Juan Bravo Murillo y el general Ramón María de Narváez. Estos se repartieron el poder durante un decenio. Después Espartero y los suyos. Las cosas no cambiaron demasiado con la I República. Años después encontramos el dúo Manuel Azana y José María Gil Robles. Derecha e izquierda repartiéndose el pastel de la II República. Las cosas no cambiaron demasiado después de la muerte de Franco. Se dejamos de lado la transición de UCD, luego derecha e izquierda o PP y PSOE se han repartido los destinos políticos del país.

Como vemos a nivel general siempre ha existido un binomio. Y lo mismo ha pasado en democracia con las Comunidades Autónomas. CiU-PSC o PNV-PSE. Esto por tratarse de dos Comunidades Autónomas históricas. En otras el bipartidismo no ha sido tan claro, pero el binomio PP-PSOE se ha mantenido.

¿Qué ocurre ahora? Parece que todo está cambiando y que el panorama político español se desmorona. Ya no hay un binomio, sino un cuarteto o incluso un quinteto. ¿Se rompe aquella hegemonía heredada desde el Antiguo Régimen? Parece ser que sí. Al menos eso es lo que pintan todos los papeles y las opiniones generalizadas. Tenemos a Ciutadans, Podemos, UPyD e incluso Construïm. Todos estos grupos marcan tendencia y son un aliciente para aquellos votantes que no están del todo de acuerdo con las opiniones vertidas por el PP o por el PSOE. Incluso IUA-ICV han perdido fuelle por culpa de alguno de ellos.

Con esto tenemos un país dividido en 6 o 7 grupos políticos que pretenden sacar o escarbar el poder preestablecido por los otros. En el fondo estamos en lo del principio. En líneas generales estamos a la derecha o a la izquierda. Por muchas divisiones que haya o por muchos partidos que aparezcan en el abanico parlamentario actual o futuro, la base ideológica se divide en derecha e izquierda.

En Catalunya podemos reducirlo a si eres o no separatista. Ahora bien, esta simplificación es demasiado incompleta. Si bien es cierto que se está intentando dar una visión simple del tema, la realidad es otra. El poder no estriba en el hecho separatista o independentista. Esta quimera más de una sabe que nunca se llevará a cabo. Cuando esta constatación quede demostrada el pastel volverá a su estado original. Esto es, derecha o izquierda.

Así pues, han pasado los años y nuestro sistema político en poco ha variado al que ejecutaron Narváez y Bravo Murillo. Podemos revisar la historia y encontraremos intentos de sublevación política que pasaron a la historia y nadie se acuerda de ellos. No hablaré del pasado y sí del presente. Estos partidos son presidencialistas y unipersonales. Tres nombres: Rosa Díez, Alberto Rivera, Pablo Iglesias. Fuera de ellos la nada. El día que ellos desaparezcan sus formaciones perecerán como años atrás pasó con el CDS de Suárez o toda la pléyade de partidos que surgieron en España a principios del siglo XX y finales del XIX y que, por ser unipersonales, perdieron todo su poder al desaparecer sus fundadores.

Ahora pasa lo mismo. Hay miedo. Hay movimientos de sillas. Hay un murmullo generalizado hacia ellos por ser la novedad. Y si bien es cierto que pueden romper o desballestar parte de una hegemonía impuesta durante decenios, no es menos cierto que la historia se basa en una sucesión de hechos y que todos estos nos llevan a una conclusión: al final sólo pueden quedar dos. Y, con el tiempo, como en Los Inmortales, sólo quedaran dos. Eso sí, estos dos se habrán enriquecido con las enseñanzas e ideas de aquellos que estuvieron un tiempo y luego desaparecieron.

César Alcalá

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