Claudio Colomer IN MEMORIAM

enero 25 07:37 2015 Print This Article

robertoRing, ring, ring, ring….[nadie parece estar al otro lado de la línea; me dispongo a colgar el teléfono]

Diga [voz masculina]

—¿Está el señor Claudi Colomer?, pregunto.

No se puede poner.

—¿A que hora estará?

—Está en casa, pero tiene que hablar con su hijo o con su esposa. ¿Y usted quien es?

—Soy el director del Vallès, y quiero hablar con el señor Claudi Colomer, que es el fundador y primer director del Vallés.

—Ya entiendo, pero no podrá ser. Tiene que hablar, ya le he dicho, con su hijo o su esposa.

—Es que necesito hablar con él, porque le quiero preguntar sobre la fundación del Vallés, y eso sólo lo sabe él.

—Es que el señor Colomer no puede hablar. En abril [2012] le dio un ictus, y desde entonces está en cama.

—Lo siento, no sabía nada.

—Gracias, es muy amable [y colgamos].

Así empieza el capítulo 8 de Mis Memorias dedicado a la etapa del alcalde Ballús (1979/86); tres años después de que le diera el ictus, Claudio Colomer ha fallecido a los 93 años.

Claudillo, como le motejaban los socios de la extinta [2013] Revista del Vallès, no era santo de devoción de los propietarios de la Revista que con diecinueve años había fundado en 1940. En ese tiempo no había en Granollers veinteañero más cultivado que él. Era inteligente y listo. Cuando fue llamado a filas sufrió un extraño accidente doméstico: una  bala le atravesó el pie, lo dejó cojitranco de por vida y le impidió alistarse en la Quinta del Biberón. Así que tuvo tiempo para aprobar dos carreras de un tiro: Derecho y Economía (Era Académico de Número de la Real Academia de Economía y Finanzas).

Acabada la guerra consiguió el certificado de camisa vieja del Requeté que no había sido, y eso fue un trampolín de primer orden porque los cargos políticos se repartían entre las camisas azules y las boinas rojas, en la proporción de dos a uno a favor de los primeros, y como en el 39 el azul mahón llegó de aluvión, las pocas boinas rojas que habían sobrevivido tenían asegurado un cargo. Fue gobernador civil de tres provincias: Álava, Toledo y Santander. Procurador en Cortes elegido directamente por Franco.

No obstante, lo que más me importa fue su carrera en el periodismo: a los 25 años fue nombrado director de El Correo Catalán hasta cumplir los 39 años, simultaneó el cargo con el de director de Radio Nacional en BCN y fundador y primer director de la Escuela de Periodismo durante ocho años. Esta trayectoria le permitió recibir el Premio Nacional de Periodismo de 1957.

La antipatía de los consejeros de la Revista tenía su origen en que desde los albores se alineó con quien cortaba el bacalao en la inmediata postguerra: Mariano Ganduxer, popularmente conocido como el rey de la patata porque controlaba el mercado de abastos en los años del racionamiento. Me di cuenta de la antipatía cuando a finales de los 90 murió Ganduxer, y Claudio Colomer hizo un panegírico del amigo fallecido. El escrito fue a la papelera. La inquina de la Casa con Mariano Ganduxer era porque en 1962 urdió el plan para que el gobernador civil cesara al alcalde Carlos Font Llopart…

Esas viejas batallas de abuelo no me afectaban. Al contrario, en los últimos años de su vida, ya octogenario, tuve una excelente relación personal desde que me dijo que su ilusión de todas las semanas era recibir la Revista y leerme. Decía que mi estilo ágil y fresco enganchaba a los lectores. Mi ideología no era la suya, pero esas flores viniendo de un hombre de su experiencia periodística…

Descanse en paz.

 Roberto Giménez

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2 Comments

  1. ram0n oliver ros
    enero 25, 10:50 #1 ram0n oliver ros

    ¡¡¡¡¡ Colosal Roberto!!!!!

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  2. Euse
    enero 28, 19:49 #2 Euse

    No puedo valorar su carrera ni su amplio curriculum, lo que si puedo valorar es su calidad humana.
    Fui su cuidador personal y pase los últimos años de su vida a su lado, viendo como se apagaba lentamente su llama.
    Todos y cada uno de los días que pase con el fueron inolvidables, su sola mirada de agradecimiento cuando acababa la jornada me decía muchas cosas, ya que apenas podía hablar.
    Fue un placer para mí compartir una etapa de su vida, aunque fuera una etapa muy dura.
    Saludos.

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